"El hombre nace como una extrañeza de la naturaleza; siendo parte de ella y al mismo tiempo trascendiéndola. Él debe hallar principios de acción y de toma de decisiones que reemplacen a los principios instintivos. Debe tener un marco orientativo que le permita organizar una composición consistente del mundo como condición de acciones consistentes. Debe luchar no solo contra los peligros de morir, pasar hambre y lesionarse, sino también de otro peligro específicamente humano: el de volverse loco. En otras palabras, debe protegerse a sí mismo no solo del peligro de perder su vida, sino de perder su mente" Fromm
Llueve.
Hubiese preferido quedarme en cama, quizás ver una película, leer. Sin embargo, debo estar presente en la maldita charla. Me hubiese también gustado visitar a la madre de S. Debe firmar un par de papeles.
La expositora comienza a hablar. Se llama XAC. “Un hombre mira hacia una pared. Ciego de nacimiento, privado de razón, de la luz, de los colores, del amor. Un hombre mira hacia la pared. Ha estado encerrado por cinco, 10 o 15 años, quién lo sabe. Se supone que un sabio lo encerró para determinar la verdadera naturaleza humana. Siglos antes otro hombre también miraba hacia la pared, lo llamaron Kaspar. A este hombre en cambio ni siquiera le pusieron un nombre”- reflexiona XAC y sin querer me voy a fade de sonido.
“Educar mutantes no es fácil”. Pienso, luego imagino a S.
Miro la hora y se me hace tarde, pienso en las calles llenas de agua, rebosantes. ¿Cuál será el auto que me moje hoy?.
“El hombre actual es el hombre del mercado, donde todo se tranza, todo se compra, pero ¿cuánto cuesta un corazón, cuánto cuesta una vida?”- le escuché decir, parafraseando a Fromm. “El corazón del hombre es de lobo y de cordero. Piensen en el hombre que mira la pared, tiene un bozal amarrado al cuello, si lo sueltan muerde, daña. Es un perro de caza, un Danny, The dog. El hombre que lo acompaña mira hacia abajo y bala. Dice siempre sí, sí, sí. Todos somos lobos y todos somos corderos. ¿Cuánto separa un hombre lobo del hombre cordero? ¿Cuánto tiempo tarde el hombre oveja en ser hombre lobo?.
Se emociona. No sé si emocionarme. Miro la sala. Sólo cinco vinimos al auditorio. Seguramente este lugar da para 200 personas. Reconozco a dos tipos, uno de ellos es director de un colegio municipal y el otro Jefe de Educación municipal. Hay dos estudiantes, seguramente los enviaron como una forma de castigo, quien sabe. A la otra persona no la conozco. Sin embargo, esta última, se pone de pie y aplaude y todos intuimos que la charla terminó. Sin embargo, XAC tenía ganas de seguir hablando, pero se contiene.
Luego nos vamos a almorzar. XAC se ve callada. Siempre ha sido callada, por lo menos desde que la conozco. Desde que denunció al cura ese, las cosas no le han salido bien. “Estoy buscando trabajo, no tienes nada por ahí”. “Nada, pero veré que puedo hacer”. Asiente. ¿Cuándo se resuelve lo del cura?. “El niño no quiere declarar…le dio miedo”. Abre su billetera, puedo ver la foto de sus tres hijos. Intento hacerle otra pregunta, pero me dice que debe irse, que consiguió unas clases de ética en un instituto cerca de la plaza Brasil. ¿Ética?...”Si, leemos cosas, vemos películas, nada tan complicado”. Se despide del resto y se va. Hace un par de años atrás XAC era jefa regional de un hogar de menores. Siempre le gustaron los niños. Por eso no tardó en morder el anzuelo del cura. Dos niños declaran que el cura los tocaba. El cura lo niega, luego se declara enfermo y lo cambian de parroquia, pero los niños dicen que todo había sido mentira, pues el cura en realidad les daba muchas tareas. ¿No investigaste antes de culparlo?-le preguntó su jefe. Periodo de elecciones. XAC se recluyó.
En la tarde visito a S. Me subo al metro, pero en una de las estaciones se queda detenido. Parece que alguien se arrojó. Eso pasa siempre, lo terrible es que siempre lo hacen a esta hora y uno debe hacer sus cosas. Suicidas de almuerzo. Decido bajarme. Entre la multitud logro distinguir el cuerpo de la persona, aun vive. Se escuchan sus gritos. La gente esquiva la mirada. Odio la sangre.
Llego al hospital. S no puede recibirme porque anoche tuvo nuevamente una decaída, intentó escaparse. Me digo: “Ahora si debo hablar con la madre”.
Pido en la recepción del hospital que necesito hablar con la doctora G. Me dicen que la doctora está operando a alguien que se arrojó al metro. Leo los apuntes de Fromm que me dio XAC, mientras espero. Además no quiero volver a la oficina.
Dos horas después aparece la doctora G. Se ve cansada, pero me atiende amablemente. Se parece a esas señoras de cuentos infantiles, cara redonda, pelo algo cano, ojos claros, dientes perfectos. Nos tomamos un café. Me cuenta cosas de S, que desde que su padre murió le ha dado por inventarse cosas, que se enferma, que la golpeo y que desde hace seis meses que la está llevando al psiquiatra, un amigo de la facultad de medicina de la Chile. Sin embargo, no me compro esa cara de señora buena. Le pregunto a quemarropa “¿Es cierto que está matando a S?”-pregunta estúpida pero directa.
En ese puto momento llega una enfermera y le dice que la paciente no aguantó la operación. La doctora G me mira tiernamente, me dice que acaba de morir una amiga de la infancia y que no pudo hacer nada por salvarla y que si la disculpo debe atender ese tema.
Se despide y se va.
Camino a casa. Ha terminado la lluvia y quiero sentir el aire frío de la tarde. Me compro un completo en el portal Fernández Concha, miro la gente irse a sus casas, veo los café que lentamente se llenan. Veo las portadas del diario de la tarde y en ella logro ver la foto de XAC, quien según dicen se arrojó a las líneas del metro.
Educar mutantes no es fácil.