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sábado, 29 de agosto de 2009

EL MIEDO A LA LIBERTAD

H.G.T se levantó temprano. Despertó a su marido de iniciales A. de C. O.G de 82 años, sordo desde 43 años cuando un tunazo de carabina le reventó la campana. Como era analfabeto nunca aprendió el lenguaje de señas. H.G.T en cambio, tenía problemas de Alzheimer, propio de su edad, aunque ella era más joven que A de C. O. G. Tomaron desayuno como de costumbre. Despertaron a su nieto R.G.O de 12 años, quien dormía amarrado a la cama, además de guitarrista en ciernes y aunque improbable científicamente, pero probado según expediente elaborado por el psicólogo J.L.W en su estudio de título llamado “el virus mental”, sordo y con Alzheimer.

Ese día los tres tomaron el bus de acercamiento, el cual los dejaría en las afueras del metro Pajaritos. Los abuelos debían ir a la posta de Unión Latinoamericana a un chequeo mensual y después, también como de costumbre, tenían que pasar a cobrar el cheque de jubilación, pero cerca del metro Moneda donde se encuentra ubicado el INP. R.G.O tenía examen de filosofía, pero había olvidado estudiar. Subieron al metro en estación Pajaritos. R.G.O se bajó en Estación los Héroes, tenía que hacer la combinación a Franklin. Se despidió del abuelo y olvidó despedirse de la abuela. Ella se molestó profundamente, pero pronto también lo olvidó. R.G.O esperó un rato la combinación cuando, de pronto, una señora algo mayor dejó caer un libro a los rieles del metro. R.G.O alcanzó a leer el título del libro, decía “El miedo a la libertad”, el nombre del autor no lo pudo descifrar. De pronto, la señora baja presurosa a recoger el libro, cuando sintió el ruido ensordecedor del metro. Ella miró en dirección al tren. R.G.O también miró en esa dirección y comprendió de inmediato que ella no podría salir con vida de ese lugar. Ambos se miraron fijamente. El sabía que ella moriría y ella sintió la inminencia de la muerte.

R.G.O fue interrogado por la policía. Le preguntaron que porque dejó que la señora de iniciales XAC, bajara hasta las líneas, que acaso no escuchó el pitido del tren. R.G.O, quien si sabía leer los labios, les hizo saber que era sordo. La policía comprendió de inmediato la situación. Luego le preguntaron que relatara con detalles lo sucedido en el metro. R.G.O señaló que no recordaba nada.

Consultado el cabo de inicales R.T.L señaló off de record y a título personal: "Otro pendejo más que se hace el tontito".