martes, 6 de octubre de 2009

MEMENTO MORI

A las 12: 16 se subió en Metro Baquedano y se dirigió al andén que lleva a metro los Héroes. Tuvo que esperar dos trenes más, ya que a esa hora aumenta la congestión. Esperó. Abrió su bolso y buscó en su interior un informe que debía entregar. Leyó: “Tuberculosis, 96. Enfermedades de la sangre y de los órganos hematopoyéticos y ciertos trastornos que afectan el mecanismo de la inmunidad, 70; Trastornos mentales y del comportamiento, 1080; Enfermedades del sistema nervioso, Enfermedades del oído y de la apófisis mastoides, Malformaciones congénitas, deformidades y anomalías cromosómicas”. Estas últimas cifras no las alcanzó a percibir pues las 12:35 sonó su teléfono celular, XAC miró el identificador, pero de pronto, fugaz, pasó su propia figura junto a ella. Se quedó viendo a sí misma perderse entre las gentes que a esa hora pululaban al interior. Sintió frío. Dice V.R.O, jefe de la Unidad Técnica Pedagógica que: “La llamé para pedirle que adelante su hora de clases, ya que el profesor que le correspondía en ese momento tenía un juicio pendiente y andaba en tribunales…al no lograr comunicarme con ella y en pos del bienestar de los alumnos, les dije que se podía ir a sus casas. Uno de ellos me preguntó si tendrían ética…les respondí que no, que para qué se iban a quedar en el instituto por dos horas de clases de ética. Así que tomaron sus cosas y se fueron…después nos enteramos de la terrible noticia…no me cabe ninguna duda de que se mató”.

Se detuvo el tren de las 12:45 y subió. Guardó sus apuntes en el bolso negro que el regaló años ha, su madre. Estaba nerviosa, dejó caer un libro. La cámara 3 registró el hecho. Según D.D.L, 45 años, operador de cámaras: “No sé qué pasó…el libro se elevó solito por el aire y se detuvo, quieto…yo creo que era un fantasma o algo así (…)no, no, la cámara no registró a ninguna persona cerca del libro…”. Luego XAC levantó la vista y la dejó perdida en cualquier parte. En la estación de la Universidad Católica subió un joven con la música del I-pod a alto volumen. Escuchaba una especie de regetón hardcore. XAC apenas si lo miró, pero tuvo que dejar la lectura. Los pasajeros miraron al joven, pero éste no hizo ningún esfuerzo por bajar el volumen, al contrario, se puso a tararear la canción. “que se hizo de tu cuelpo, de tus tocados…que pasó con tu oro y tu riqueza, dónde quedó todo eso, que igual te vai a molilte y quedarte ciega como una calavera…”. XAC sólo esbozó una leve sonrisa. Según la compañía telefónica a las 12:51 recibió una segunda llamada de un teléfono fijo. Señala F.T.C, vasca de segunda generación, madre de XAC:” la llamé porque estaba asustada…ella había soñado la noche anterior con que la casa se llenaba de leones blancos…me asusté…mi abuela también soñó con leones blancos antes de morir…algo en mi corazón me decía que tendría ese maldito accidente…debí llamarla de nuevo y pedirle que volviese…que aquí la echamos mucho de menos…”.

XAC apenas si pudo escuchar lo que le decía su madre. Guardó su teléfono celular. En la estación de la Universidad de Chile volvió a subir gran contingente de gente, oficinistas principalmente, pero de pronto, la gente salió despavorida. G.D.H, 23 años, estudiante de cocina y operador de andenes dice:”la gente se asustó…no sé porqué, pero se asustó…yo sólo sentí el olor a carne quemada, nada más que eso…algunos dicen que vieron un muerto en el andén”. En metro los Héroes, XAC bajó. Según muestran las cámaras de seguridad, habló algo con el muchacho de I-pod, pero de quien no se ha podido extraer información ya que se encuentra desaparecido. XAC salió por la vereda norte, caminó por calle Cienfuegos hasta llegar a la Avenida Brasil. Al llegar al instituto lo encontró cerrado. Miró al interior y parecía que brillaba, como si todo, las paredes, fuesen de cristal. Tomó su teléfono celular y marcó un número. Según VRO: “la situación fue extraña, estoy seguro de que escuché su voz, pero sentí miedo y corté…si, si, yo ya sabía que recién había muerto…en todo caso estoy acostumbrado a que me hablen los muertos…” XAC se sintió molesta de que le hubiesen cortado abruptamente y caminó de vuelta al metro. El camino se le hizo pesado, duro, caminando sobre abrojos. Cruzó las barreras de boleterías que a esa hora se encontraban cerradas y según los altoparlantes debido a un accidente. Al llegar al andén vio el cadáver de una señora, partida por la mitad, aun gritando, llorando, tratando de asir un libro manchado de sangre en el andén. Lo miró y leyó: El miedo a la libertad. Comprendió que era el mismo libro que estaba leyendo, luego, violentamente miró hacía la izquierda y vio los lentes rotos, las manos rojas de sangre, las otras extremidades esparcidas por la línea. De pronto su mirada chocó con la mirada de la mujer partida en el andén y ambas comprendieron que eran la misma persona. XAC se quedó muda. La ciudad agresiva lentamente se volvía de cristal. Miró a su alrededor y sólo un niño, mudo, de uniforme escolar azul, oscuro como la noche, la miraba.

Cuando llegó a mi consulta me preguntó:

- Entonces…así es la muerte-

- Parece…pero no estoy seguro…

Suspiró molesta. Respiré profundo Miro al muchacho que la acompaña. Delgado, enjuto, de rasgos duros, pero tímidos, con la mirada baja, como animal salvaje prisionero en una jaula; además sordo y un leve Alzheimer extraño para su edad.

- Sólo quiero saber ¿cuándo, dónde y quién me mató?- preguntó XAC

Pienso: “Si no sabe ella, cómo voy a saber yo”.

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